miércoles, 9 de septiembre de 2026

¿Cuánto tiempo duran los fiscales generales y por qué se marchan?

 

Todd Blanche, exabogado de Trump, nuevo fiscal general del Estado

El Fiscal General de los Estados Unidos ocupa uno de los cargos más poderosos y precarios del gobierno federal.

Como principal responsable de la aplicación de la ley del país y jefe del Departamento de Justicia, el Fiscal General supervisa los procesos federales, proporciona asesoramiento legal al Presidente y representa a Estados Unidos en asuntos legales ante el Tribunal Supremo.

Nombrado por el Presidente y confirmado por el Senado, el Fiscal General actúa completamente a voluntad del Presidente. Este arreglo crea una tensión constante y subyacente entre la lealtad política a la administración y el deber de defender imparcialmente el estado de derecho.

Este conflicto fundamental ha definido los mandatos—y las salidas—de los hombres y mujeres que han ocupado el cargo. Sus estancias han oscilado entre más de una década y apenas unos meses, con salidas motivadas por todo, desde el final tranquilo de un mandato presidencial hasta escándalos explosivos y posturas de principios que han alterado el curso de la historia estadounidense.

Un trabajo sin reloj: Entendiendo el mandato del Fiscal General

Para entender por qué los Fiscales Generales abandonan sus cargos, es fundamental comprender primero la estructura única de su mandato. A diferencia de la mayoría de los homólogos a nivel estatal, el Fiscal General de EE. UU. opera sin la seguridad de un mandato fijo, una realidad que moldea la dinámica política del cargo.

Sirviendo a voluntad del presidente

El papel del Fiscal General de los Estados Unidos fue establecido por la Ley Judicial de 1789. La ley dicta que el fiscal general es nombrado por el Presidente, con el "consejo y consentimiento del Senado", pero no especifica la duración del mandato. Esto significa que el Presidente puede destituir al fiscal general en cualquier momento, por casi cualquier motivo.

Este estatus de "a placer" tiene su raíz en la historia de la oficina. Inicialmente, el Fiscal General era un puesto a tiempo parcial, de una sola persona, y los primeros ocupantes solían mantener despachos privados y carecían incluso de una oficina o personal dedicado. La función principal consistía en asesorar al Presidente y defender casos ante el Tribunal Supremo.

Sin embargo, la creación del Departamento de Justicia en 1870 transformó por completo el papel. El fiscal general se convirtió en el jefe de un vasto departamento federal, que hoy cuenta con más de 115.000 empleados y un presupuesto de decenas de miles de millones.

Esta evolución elevó drásticamente la importancia del mandato del fiscal general. Antes de 1870, despedir a un fiscal general era como despedir a un asesor legal. Hoy significa decapitar a un importante departamento ejecutivo responsable de la seguridad nacional, los derechos civiles y la justicia penal.

Este inmenso poder institucional, combinado con la ausencia de un término fijo, crea una dinámica de poder delicada y a menudo tensa. El fiscal general es un miembro clave del gabinete del presidente, se espera que impulse la agenda de la administración, pero también está juramentado para actuar como el principal responsable independiente de la aplicación de la ley del país. Este conflicto inherente es la fuente de muchas de las salidas más dramáticas del cargo.

Por números: las estancias más largas y cortas

La ausencia de un plazo fijo ha dado lugar a un amplio espectro de duraciones de servicio a lo largo de la historia de Estados Unidos.

El fiscal general con más años de servicio fue William Wirt, quien ocupó el cargo durante 11 años y 111 días (4.126 días) desde 1817 hasta 1829, sirviendo tanto bajo el presidente James Monroe como bajo el presidente John Quincy Adams. Su excepcionalmente largo mandato es reconocido por transformar el cargo de un cargo menor en uno de gran influencia.

La que más tiempo sirvió en la Era Moderna fue Janet Reno, quien ocupó los ocho años completos de presidencia de Bill Clinton (1993-2001), lo que la convierte en una de las fiscales generales con más años en el cargo en la historia. Eric Holder sirvió casi seis años bajo el presidente Barack Obama, convirtiéndose en el cuarto fiscal general con más años en el cargo.

El Fiscal General con menos cargo fue Edwin Stanton, que sirvió solo 75 días al final del mandato del presidente James Buchanan en 1860-1861. El mandato de Elliot Richardson, de solo 150 días en 1973, también es notable, no por su duración, sino por la naturaleza de principios y dramatismo de su dimisión durante el escándalo de Watergate.

Un análisis de los mandatos recientes muestra que, aunque es habitual cumplir un mandato presidencial completo de cuatro años, no está en absoluto garantizado. La administración Trump, por ejemplo, experimentó una rotación significativa, con Jeff Sessions sirviendo menos de dos años y William Barr dimitiendo antes de que terminara el mandato.

El contraste a nivel estatal: elecciones y mandatos fijos

El modelo federal contrasta fuertemente con la forma en que la mayoría de los estados estructuran la oficina de su jefe jurídico. En 43 estados, el Fiscal General es elegido por el pueblo y ejerce un mandato fijo de cuatro años.

En estados como California y Georgia, el fiscal general es elegido para un mandato de cuatro años. Algunos estados con fiscales generales elegidos, como California, imponen un límite de dos mandatos. Otros, como Misuri y Carolina del Norte, no tienen límites de mandato. Una pequeña minoría de estados, como Hawái, tiene un fiscal general designado, pero aun así, la estructura varía, ya que el gobernador los nombra por un mandato indefinido.

Esta diferencia estructural tiene profundas implicaciones. Un fiscal general estatal electo con un mandato fijo tiene un mandato de los votantes y un grado de independencia política respecto al gobernador del estado que el Fiscal General de EE. UU. simplemente no tiene del Presidente.

Esto permite a los fiscales generales estatales impugnar con mayor libertad las políticas de un gobernador, incluso de su propio partido, una dinámica mucho más arriesgada y menos común a nivel federal.

La salida estándar: transiciones rutinarias y nuevas oportunidades

Mientras que los despidos mediáticos y las dimisiones provocadas por escándalos acaparan titulares, la gran mayoría de los fiscales generales abandonan el cargo por razones más convencionales. Estas salidas estándar representan el rotación normal de una administración presidencial y las trayectorias profesionales de altos funcionarios públicos.

El fin de una administración

La razón más común y menos dramática para la salida de un Fiscal General es la conclusión de un mandato presidencial. Como miembro del gabinete nombrado por el presidente, el mandato del AG está fundamentalmente ligado al del Presidente que lo nombró.

Cuando un presidente deja el cargo, ya sea tras un mandato, dos mandatos o debido a una derrota electoral, también se marchan los miembros de su gabinete.

Hay muchos ejemplos modernos. Janet Reno fue fiscal general durante los ocho años en el cargo de Bill Clinton, dejando el cargo el día de la investidura en 2001. Loretta Lynch cumplió los últimos años de la administración Obama, dejando el cargo en enero de 2017.

El mandato de Michael Mukasey fue diseñado para ser breve; fue confirmado en noviembre de 2007 para dirigir al DOJ durante los últimos 15 meses de la administración de George W. Bush. Más recientemente, la salida de Merrick Garland fue una transición estándar al final de la administración, a pesar de las intensas controversias políticas que definieron su mandato.

Regreso a la vida privada

Muchos fiscales generales renuncian voluntariamente antes de que termine el mandato presidencial para volver a la vida privada, a menudo en puestos lucrativos en grandes despachos de abogados. Estas salidas suelen estar motivadas por consideraciones personales, económicas o de salud.

Griffin Bell, que había servido bajo el presidente Jimmy Carter, dimitió en 1979 tras dos años y medio, alegando que fue su propia petición regresar a su destacado bufete de abogados de Atlanta, King & Spalding. En una anécdota reveladora, Bell explicó que se marchó casi antes de cumplir 15 años como juez federal porque sabía que si su pensión se consolidaba, no podría dimitir con buena conciencia, lo que demuestra su integridad personal.

Sin embargo, la narrativa del "volver a la vida privada" puede ser a veces una salida conveniente y digna para un fiscal general que está agotado por las enormes presiones del trabajo o que se marcha bajo una nube de controversia.

Herbert Brownell Jr. dimitió en 1957 bajo el presidente Eisenhower, alegando su deseo de volver a ejercer la abogacía. Sin embargo, su marcha se produjo inmediatamente después de haber asesorado y orquestado la muy polémica intervención federal en la crisis de desegregación escolar de Little Rock.

Un observador contemporáneo señaló que el estancamiento político "pudo haber contribuido sustancialmente a su decisión de retirarse."

De manera similar, John Ashcroft dimitió tras el primer mandato de George W. Bush, escribiendo en su carta de dimisión que "las demandas de la justicia son tanto gratificantes como agotadoras." Aunque esto fue cierto, esto seguía a un término definido por el enorme estrés y la crítica pública que rodeaban la implementación de la Ley Patriota y otras políticas antiterroristas posteriores al 11-S.

En estos casos, la razón oficial puede ser genuina, pero no toda la historia.

Paso a un nuevo rol público

Para muchos, la oficina de Fiscal General no es el capítulo final de su servicio público, sino un trampolín hacia otros nombramientos prestigiosos. El puesto puede servir como un "campo de pruebas" que demuestra la idoneidad de una persona para otros cargos de alto nivel en el gobierno.

Históricamente, el siguiente paso más prestigioso ha sido un nombramiento para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Nueve exfiscales generales se han convertido en jueces del Tribunal Supremo, incluyendo figuras influyentes como Roger B. Taney, Harlan Fiske Stone y Robert H. Jackson. Este camino pone de manifiesto el papel del fiscal general como una de las mentes jurídicas más destacadas del país.

Otros fiscales generales han pasado a diferentes cargos en el gabinete o embajadas. Elliot Richardson, tras su dramático mandato de 150 días como Fiscal General, fue posteriormente nombrado embajador en el Reino Unido y luego secretario de Comercio bajo el presidente Gerald Ford.

William B. Saxbe, que sucedió a Richardson, se convirtió en embajador de Estados Unidos en la India tras dejar el Departamento de Justicia. Nicholas Katzenbach dejó el cargo de fiscal general bajo Lyndon B. Johnson para convertirse en subsecretario de Estado en la misma administración.

Este patrón refuerza la percepción del cargo como la cima de una carrera distinguida, un marcado contraste con aquellos cuyos mandatos terminan en escándalo.

Un choque de voluntades: desviaciones de política y principios

Las desviaciones históricamente más significativas ocurren cuando el deber de un Fiscal General hacia la ley choca con la voluntad política del Presidente. Estos momentos de crisis revelan la tensión fundamental en el corazón de la oficina y a menudo tienen consecuencias duraderas para la nación.

Estudio de caso: La masacre del sábado por la noche (Elliot Richardson, 1973)

El ejemplo por excelencia de una dimisión con principios es el de Elliot Richardson durante el escándalo Watergate. Nombrado por el presidente Richard Nixon, Richardson aseguró al Senado durante sus audiencias de confirmación que concedería plena independencia al Fiscal Especial de Watergate.

Cuando ese fiscal, Archibald Cox, emitió una citación para las grabaciones secretas de Nixon en el Despacho Oval, el presidente se negó a cumplir.

La noche del sábado 20 de octubre de 1973, Nixon ordenó a Richardson que despidiera a Cox. Ante una orden directa que le obligaría a romper su voto público ante el Congreso y socavar el estado de derecho, Richardson se negó y dimitió en señal de protesta.

Nixon entonces ordenó al fiscal general adjunto William Ruckelshaus que despidiera a Cox; él también se negó y dimitió. La orden fue finalmente ejecutada por el tercer al mando, el Procurador General Robert Bork.

La "Masacre del sábado por la noche" desató una tormenta política. El público se indignó por lo que se consideró un abuso flagrante de poder, y el Congreso inició en serio los procedimientos de destitución.

La salida de Richardson se convirtió en el referente moderno para un fiscal general que elige la fidelidad a la ley por encima de la lealtad al Presidente.

Estudio de caso: El aliado despedido (Jeff Sessions, 2018)

La salida de Jeff Sessions bajo el presidente Donald Trump ilustró una nueva dinámica en la relación entre el fiscal general y el presidente. Sessions fue uno de los primeros y más fervientes seguidores políticos de Trump.

Sin embargo, poco después de su confirmación como Fiscal General, se abstuvo de cualquier investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016, citando su propio papel en la campaña de Trump como un conflicto de intereses.

Esta adhesión a la ética estándar del Departamento de Justicia enfureció al presidente Trump, que consideraba que la recusación de Sessions fue un acto de deslealtad que permitió el nombramiento del fiscal especial Robert Mueller. Durante más de un año, Trump atacó pública y en privado a su propio fiscal general, llamándole "débil" y "vergonzoso".

Al día siguiente de las elecciones de mitad de mandato de 2018, Trump obligó a Sessions a marcharse. Su carta de dimisión comenzaba de forma contundente: "A su petición, presento mi dimisión".

El despido de Sessions no fue por una orden específica de infringir la ley, como en el caso de Richardson, sino como castigo por seguir el procedimiento ético establecido. Demostró una expectativa presidencial de que la lealtad personal debía prevalecer incluso sobre las normas departamentales más básicas.

Estudio de caso: El punto de quiebre (William Barr, 2020)

El segundo mandato de William Barr como fiscal general, también bajo el presidente Trump, terminó por un tipo de enfrentamiento diferente. Barr era ampliamente visto como un firme defensor del poder presidencial y había sido criticado por sus opositores por acciones consideradas una protección de Trump y sus aliados.

El conflicto llegó a su punto álgido tras las elecciones presidenciales de 2020. Mientras el presidente Trump y sus aliados promovían afirmaciones infundadas de fraude electoral generalizado, Barr autorizó al Departamento de Justicia a investigar.

El 1 de diciembre de 2020, Barr declaró públicamente que el Departamento de Justicia "no había visto fraude a una escala que pudiera haber provocado un resultado diferente en las elecciones".

Esta contradicción directa con la narrativa política central del presidente fue el punto de inflexión. Según se informa, Trump estaba furioso y, el 14 de diciembre, anunció la dimisión de Barr.

La salida demostró que incluso un fiscal general lealista podría ser expulsado por negarse a prestar credibilidad al DOJ a una narrativa sin respaldo de hechos.

Estos tres estudios de caso revelan una evolución preocupante en la naturaleza de estos conflictos. El enfrentamiento de Richardson fue sobre la mecánica de la justicia: una citación legal. El caso de Sessions trataba sobre la ética de la justicia—una recusación. La de Barr fue sobre la realidad que sustenta la justicia—un hallazgo fáctico.

Cada conflicto sucesivo fue más fundamental que el anterior, lo que sugiere una expectativa presidencial creciente de que el papel del fiscal general no es simplemente ser un miembro leal del gabinete, sino un defensor político de las narrativas personales y políticas del presidente. Esta tendencia sitúa a los futuros fiscales generales en una posición cada vez más insostenible.

La caída definitiva: Cuando el escándalo llega a la cima

Las desviaciones más dañinas son aquellas derivadas por escándalos personales, donde el Fiscal General está implicado en corrupción o actividad criminal. Estos acontecimientos no solo acaban con carreras, sino que también infligen un daño profundo y duradero a la credibilidad del propio Departamento de Justicia.

Estudio de caso: John Mitchell y el escándalo de Watergate (1972)

La caída de John Mitchell es la más infame en la historia del cargo. Amigo cercano y director de campaña de Richard Nixon, Mitchell dimitió como Fiscal General en marzo de 1972 para encabezar el Comité para la Reelección del Presidente (CREEP).

Solo unos meses después, operativos vinculados a CREEP fueron arrestados por irrumpir en la sede del Comité Nacional Demócrata en el complejo Watergate.

Investigaciones posteriores revelaron que Mitchell había estado presente en reuniones donde se planeaba el esquema ilegal de escuchas telefónicas y había aprobado financiación para la operación. En 1975, fue condenado por conspiración, obstrucción a la justicia y perjurio por su papel en el caso Watergate y su posterior encubrimiento.

Fue condenado a prisión y cumplió 19 meses, convirtiéndose en el único fiscal general de Estados Unidos en ser encarcelado por delitos relacionados con su tiempo en el cargo. El caso de Mitchell representa la traición definitiva al cargo: el principal responsable de la aplicación de la ley del país participando en una conspiración criminal.

Estudio de caso: Harry Daugherty y el escándalo de la cúpula de la tetera (1924)

El mandato de Harry Daugherty como fiscal general bajo el presidente Warren G. Harding estuvo marcado por la corrupción generalizada de esa administración. Aunque el escándalo más famoso fue Teapot Dome, que implicaba sobornos pagados al Secretario del Interior para concesiones petroleras, el propio Daugherty fue acusado de dirigir un sistema de corrupción desde dentro del Departamento de Justicia.

Cuando un comité del Congreso que investigaba los escándalos exigió acceso a los archivos del DOJ, Daugherty se negó a cooperar. El presidente Calvin Coolidge, que asumió el cargo tras la muerte de Harding, exigió la dimisión de Daugherty en marzo de 1924.

Aunque Daugherty fue juzgado dos veces más tarde por defraudar al gobierno, ambos juicios terminaron con jurados sin juicio y nunca fue condenado. No obstante, su despido es un claro ejemplo de la destitución de un fiscal general debido a acusaciones creíbles y generalizadas de corrupción.

Estudio de caso: Alberto Gonzales y el Departamento Politizado (2007)

Un ejemplo más reciente de un fiscal general que se marchó bajo una nube de escándalo es Alberto Gonzales. Abogado y amigo de larga data del presidente George W. Bush, el mandato de Gonzales fue controvertido desde el principio, en gran parte debido a su autoría de memorandos legales que justificaban duras técnicas de interrogatorio que los críticos calificaban de tortura.

El escándalo que finalmente llevó a su dimisión fue el despido en 2006 de nueve fiscales federales. Investigadores y críticos del Congreso alegaron que los despidos tenían motivaciones políticas, destinados o bien a instalar fiscales más leales a la Casa Blanca o a descarrilar investigaciones políticamente incómodas.

El posterior testimonio de Gonzales ante el Congreso fue visto como evasivo y contradictorio, lo que llevó a llamamientos bipartidistas para su dimisión y acusaciones de haber engañado a los legisladores. Ante la caída de la moral dentro del Departamento de Justicia y una tormenta política en Washington, Gonzales dimitió en agosto de 2007.

Estos casos revelan un patrón recurrente: los escándalos son más probables cuando un presidente nombra a un aliado político cercano o a un director de campaña para el cargo. Mitchell, Daugherty y Gonzales fueron todos leales durante mucho tiempo a sus respectivos presidentes.

Esta tendencia histórica, que algunos estudiosos señalan se hizo más pronunciada en el siglo XX, sugiere que priorizar la lealtad personal sobre el temperamento judicial en el proceso de selección aumenta significativamente el riesgo de politización y escándalos.

El fiscal general moderno: una cuerda floja perpetua

Las presiones históricas sobre el Fiscal General no han disminuido con el tiempo; Se han intensificado. En el actual entorno hiperpartidista, cualquier persona que ocupe el cargo debe navegar un panorama de presión política implacable, un legado de reformas impulsadas por escándalos y el dilema persistente de a quién sirve realmente.

La presión implacable del partidismo

Hoy en día, el Fiscal General es un foco de conflictos partidistas. Las audiencias de confirmación son batallas brutales, y cada decisión importante se examina a través de una lente política.

Eric Holder, fiscal general del presidente Obama, se convirtió en el primer fiscal general en ejercicio en ser declarado en desacato al Congreso por una Cámara liderada por un partido de la oposición debido a la investigación de tráfico de armas "Fast and Furious". Los críticos lo etiquetaron como el "ejecutor" político de Obama, mientras que sus partidarios elogiaron su trabajo en derechos civiles.

El sucesor de su sucesor, Merrick Garland, asumió el cargo con la misión declarada de restaurar la independencia del Departamento de Justicia, pero se enfrentó inmediatamente a lo que un exfuncionario calificó como una "serie de decisiones casi imposibles".

Tuvo que supervisar investigaciones simultáneas sobre el motín del Capitolio del 6 de enero, el hijo del presidente, Hunter Biden, y el expresidente Donald Trump. Como resultado, fue atacado sin descanso por los republicanos por supuestamente "usar como arma" al Departamento de Justicia y criticado por algunos demócratas por no perseguir a Trump de forma más agresiva, ilustrando perfectamente la cuerda floja política sin salida que deben caminar los fiscales generales modernos.

El legado del Fiscal Independiente y del Fiscal Especial

Una consecuencia directa de escándalos pasados es el mecanismo del fiscal especial. La "Masacre del sábado por la noche" condujo directamente a la Ley de Ética en el Gobierno de 1978, que codificó el proceso para nombrar a un fiscal independiente para investigar presuntas irregularidades en el poder ejecutivo.

Durante el caso Irán-Contra en los años 80, el fiscal general Edwin Meese solicitó un fiscal independiente, Lawrence Walsh, cuya investigación alcanzó los niveles más altos de la administración Reagan.

Hoy en día, el nombramiento de un fiscal especial sigue siendo una herramienta principal para un fiscal general que se enfrenta a un posible conflicto de intereses. Merrick Garland lo utilizó para señalar imparcialidad nombrando fiscales especiales separados para investigar tanto a Donald Trump como a Hunter Biden.

Sin embargo, esta herramienta se ha convertido en un arma de doble filo. Aunque pretende proteger una investigación de la presión política, también sirve como una admisión pública de que no se puede confiar en que el Fiscal General y el Departamento de Justicia gestionen el asunto de forma imparcial.

Además, a menudo no logra frenar los ataques partidistas, ya que el fiscal general es criticado por las acciones y decisiones del fiscal especial que nombró.

El dilema duradero: ¿Jefe de la ley o abogado del presidente?

La historia de por qué los Fiscales Generales dejan el cargo es la historia del conflicto no resuelto, y quizás irresoluble, que está en el núcleo del cargo. El registro histórico demuestra una tendencia clara: el papel del fiscal general ha pasado de ser un funcionario cuasi-judicial a un insider partidista, elegido tanto por lealtad como por su perspicacia jurídica.

Las salidas de Richardson, Sessions y Barr no son eventos aislados, sino hitos en esta evolución. Cada crisis ha erosionado las normas institucionales de independencia que las generaciones anteriores lucharon por proteger.

Cuando un fiscal general es despedido por seguir normas éticas (Sessions) o dimite por negarse a validar falsedades políticas (Barr), se envía un mensaje escalofriante a sus sucesores. Este efecto acumulativo dificulta que los futuros fiscales generales mantengan la independencia, lo que podría disuadir a los candidatos más cualificados y con principios de buscar lo que se ha convertido en uno de los puestos más desafiantes y trascendentales de Washington.

Fuente GovFacts...👈

martes, 8 de septiembre de 2026

¡Los nazis ya están aquí! ¡Votad para parar esto!


 Alternativa por Alemania (AfD) es un partido neonazi. No llevan signos visibles como las esvásticas o las camisas pardas. El discurso del odio contra los judios los han cambiado por los musulmanes e inmigrantes en general. Promueven la familia tradicional aunque la lideresa Alice Weidel este casada con una mujer de origen indio, y tengan hijos concebidos por vientre de alquiler, y ademas vive con ella en Suiza. Todo lo contrario a la ideología reaccionaria de su partido.

AfD apoya a Putin, otro sátrapa muy de derechas, y no son pro Unión Europea (igual que Trump): "Alternativa para Alemania aboga por acabar con Schengen para que "gente como la de Ceuta no pueda venir aqui"...

... El partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) pondría fin el Tratado de Schengen, que garantiza la libre circulación de personas entre los países firmantes, si llegara al Gobierno. De este modo evitaría situaciones como la actual crisis migratoria que vive la ciudad española de Ceuta.

"Lo vamos a cerrar. Nos vamos a retirar de Schengen para que gente como la de Ceuta no pueda venir aquí", ha dicho la líder de AfD, Alice Weidel, en una entrevista con la televisión pública alemana ZDF. "Este acuerdo tiene que acabar", ha afirmado. RTVE...👈

Como todo partido de extrema derecha que se precie, niegan el cambio climático: "La AfD está contra la política de cambio climático y quiere que la Unión Europea se retire del Acuerdo de París sobre el clima. Promueve el recurso continuado a las energías fósiles y la vuelta a la energía nuclear" (La Vanguardia... 👈). 

Lo mismo que Vox: "En el partido hay nostálgicos del nazismo y también neonazis. Que una parte de Alemania vuelva a ser gobernada por un partido de estas característica despierta inquietud en toda Europa". La política económica de AfD es calcada a la de Milei en Argentina: "La ultraderecha alemana propone que la intervención del estado en la economía se reduzca y que bajen los impuestos". No en balde Alice Weidel al terminar sus estudios acabó en "Goldman Sachs, donde trabajó en la oficina de gestión de activos de Fráncfort", y es una "Declarada admiradora de Margaret Thatcher" (Expansión...👈). 

En el lander de Sajonia-Anhalt han votado a una mutación nazi neoliberal. No nos extrañemos tanto, Hitler jamás fue anticapitalista. Y las políticas neoliberales son la ruina de las clases populares. Como se está demostrando en Alemania y en Argentina.

Shara Wagenknecht  y Alice Weidel

AfD no consiguió la mayoría absoluta pero cuenta con el apoyo de la izquierda, o supuesta izquierda de Sahra Wagenknecht : "El domingo el partido de [Shara] Wagenknecht entró en Magdeburgo con cinco escaños. Justo los que hacen falta para dar un golpe rojipardo. El lunes su candidato, Thomas Schulze, se abría a la abstención y descartaba cualquier acuerdo para vetar a AfD. El Código Penal llama «cooperador necesario» a quien aporta el acto sin el cual el hecho no se habría cometido, y le pone la misma pena que al autor. La extrema derecha vuelve; el rojipardismo, también" (La Marea...👈). 

Sahra Wagenknecht viene de la izquierda de Die Linke: abandonó Die Linke (La Izquierda) en octubre de 2023 junto a otros diputados para fundar su propio partido político, la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). Hoy pretende pactar con los nazis de AfD. Ya se le llama izquierda a cualquier engendro totalitario o reaccionario

La gran victoria de la AfD viene porque se ha comido a la CDU de Merz (la derecha conservadora), pasó de 40 escaños a 15 y sobre todo del abstencionismo, de los que han obtenido unos 157.000 votos de este grupo de desencantados, más que ningún otro partido.


Mientras que en Alemania los abstencionistas le han dado la victoria a la AfD, en España hay un grupo que llama a todo lo contrario de lo que ha ocurrido en Sajonia-Anhalt: la abstención. Se trata de una secta fundada por Rubén Gisbert Fraile. En octubre esta secta celebra su primer congreso de retardados...

... Los días 2, 3 y 4 de octubre de 2026, la Junta Democrática de España celebra en Salamanca el I Congreso por la Libertad Política Colectiva: el punto de encuentro de los repúblicos de España y el resto de la Hispanidad. De los que siguieron a Antonio García-Trevijano toda su vida y de todos los que quieren luchar contra la corrupción política y por la libertad. Leer más...👈

El aforo es de 400 personas, y la entrada más cara es de 50 euros y la más barata de 14. Un negocio si se les llena el auditorio: "La entrada general al congreso incluye acceso a las cuatro mesas de debate y sus respectivas ponencias magistrales, que sirven de preámbulo de dichas mesas. Al comprar cualquiera de las entradas del congreso la plataforma de venta te ofrecerá un pack con las cuatro mesas a un precio reducido. Esa es la manera de comprar la entrada general".

La extrema derecha convence a los obreros que los voten enfrentándolos a los inmigrantes, a los que son más pobres que ellos, y los chiflados travijanistas engañan a los bobalicones que todavía creen que el camino a la democracia es no votar, y de paso se ganan una perras. No es de extrañar: hay quien cree que las vacunas matan, que la tierra es plana y que la dana la provocó Pedro Sánchez, o que nos están fumigando para exterminar la población. 

Si son capaces de que convencer a las personas que el cambio climático es un cuento, pese a las evidencias, o que el ser humano jamás pisó la luna, y que el agua no hidrata, que nadie se extrañe del ascenso de la extrema derecha. Lo mismo que en los años 30 los obreros votaron a sus verdugos en el land Sajonia-Anhalt han votado la peor opción. Volvemos a tropezarnos en la misma piedra: la socialdemocracia y los conservadores aumentando la desigualdad económica con sus nefastas políticas, y los obreros votando a los populistas que no solucionan nada, más que nada porque las medidas que hoy proponen estos neonazis, son peores que las ya existentes.

 

sábado, 5 de septiembre de 2026

Las manifestaciones de Ceuta y la puñetera bandera de España


Siguiendo lo que hemos aprendido de Ángel Viñas y otros historiadores , el golpe de Estado de 1936 fue promovido por José Calvo Sotelo y Renovación Española, recibiendo financiación y armas de Mussolini. En la trama civil también se encontraba la Comunión Tradicionalista (carlistas integristas) y la Falange Española de las JONS (fascistas). Por parte del Ejército participó la UME, que repartía propaganda antigubernamental entre los uniformados. El golpe de Estado lo dirigieron generales africanistas.

En director del complot fue Emilio Mola Vidal, que ideó todo el plan golpista con el propósito de montar una dictadura militar, pero sin intenciones de traer al rey a corto plazo. La idea de Sanjurjo y Calvo Sotelo, era esperar un tiempo prudencial para devolver a Alfonso XIII a su trono. El motivo de realizar el golpe de Estado con la bandera republicana, era atraer al máximo número de militares. El rey perdió su trono gracias a su enorme descrédito. Unas simples elecciones municipales le mostraron al Borbón en donde estaba la puerta. La elecciones del 12 de abril no las ganaron porque toda España se volvió republicana, sino por el descrédito de Alfonso XIII a derecha y a izquierda.

Sanjurjo murió en un chapucero accidente de aviación tratando de volver a España de su exilio en Portugal, y a Calvo Sotelo lo asesinaron, más chapuceramente todavía el 13 de julio, pero no por ello se abortaron los planes golpistas, sino todo lo contrario, el asesinato del líder de Renovación Española sirvió a los golpistas como excusa para sus planes, asegurando que la patria se desmoronaba y era necesaria una limpieza de malos españoles.

El 15 de agosto, Franco junto a Queipo de Llano se quitan las caretas republicanas, y en un acto en Sevilla vuelven a hacer oficial la bandera roja y amarilla introducida por la monarquía española, fue Isabel II quien la oficializó, al principio solo era un estandarte ideado para la Marina por orden de Carlos III. Ya el día 13 de agosto, un día antes de la gran matanza de Badajoz, en la frontera de Caya los militares golpistas (según informó Mario Neves) ondearon la antigua bandera de la España monárquica de los Borbones...

... Desde la 1 de la tarde ondean en Caya, último reducto gubernamental, la bandera del antiguo régimen (roja y amarilla) y la de la revolución: roja y azul [en realidad era roja y negra, los colores de Falange]. El éxodo de la población, artículo del día 13

Cuando llega la II República, a la bandera original se le añade un tercer color, el morado en representación de Castilla. ¿Habrá algo históricamente más español que Castilla? Pues entre la reacción parece que no gustó la nueva bandera española y republicana. Franco hizo la Guerra Civil bajo los colores del antiguo régimen, como bien indicó Neves, ganó la guerra con esos colores y mantuvo su dictadura con la misma bandera, solo le cambió el escudo. La transición no hizo un referéndum entre monarquía o república, y le dijo a los españoles: si quereis una Constitución teneis que cargar con el mochuelo del Borbón.

Por todo esto, en cualquier manifestación de la izquierda por los derechos sociales y civiles, o en defensa de los DD. HH (wokismo lo llama ahora la reacción), no verás jamás una bandera bicolor, si acaso banderas republicanas y ahora hasta palestinas. En Gijón el día 2, hicieron una contramanifestación a las manifestaciones organizadas por la extrema derecha y la derecha con la excusa de Ceuta, en donde gritaban : "Fuera fascistas de nuestros barrios". Lo malo no van a ser los fascistas en los barrios, sino en el Congreso, en las autonomías y en los ayuntamientos.

En las manifestaciones de la derecha solo se ven banderas españolas por todos lados, y alguna que otra, como es lógico, de Ceuta. La bandera roja y amarilla es la constitucional y por tanto la que representa oficialmente a España, lo mismo que el jefe de Estado según la Constitución es un monarca. Esto va para todos los rojeras que no ven problemas con la bandera oficial y que le quieren disputar el emblema nacional a la derecha: os regalo al rey y la bandera.

Esta manifestación del vídeo se ha organizado porque van a levantar unos campamentos provisionales para albergar a inmigrantes marroquíes. La queja es porque cerca hay un colegio. También se han opuesto CC. OO y la UGT de Ceuta (supuestos comunistas y socialistas que no son ni una cosa ni otra). Se pensaran que los inmigrantes se van a comer la merienda de las carteras de sus críos, o mejor aún, se van a comer a sus hijos y a los profesores directamente. Estos norteafricanos son caníbales. A saber de que tribu se han escapado. Lamentable la postura de CC. OO y UGT: "UGT rechaza el campamento de inmigrantes junto a una escuela infantil de Loma Colmenar"...

... El sindicato considera que la ubicación supone un riesgo para la comunidad educativa y reclama que las actuaciones para preparar el terreno se paralicen "de forma inmediata". Ceuta al día...👈

Van a montar otro campamento provisional al lado del puerto, y a qué no saben quien se ha opuesto, en efecto, el presidente Juan Vivas: "El Gobierno toma el control del puerto de Ceuta para atender a un millar de migrantes tras el 'no' de Vivas a ceder ese espacio"...

... El Gobierno, a través de una resolución del Ministerio de Transportes, ha anunciado que va a tomar el control del puerto de Ceuta atendiendo al artículo 73.3 y dada la "excepcionalidad de la situación" en la ciudad autónoma. Todo, después del 'no' del Ejecutivo ceutí presidido por Juan Jesús Vivas a ceder este espacio. El objetivo, la instalación de carpas para atender a 1.000 migrantes. La Sexta...👈 

El caso, es que según ha informado El País, el Gobierno había pactado de antemano ubicar el campamento al lado del puerto: "Vivas dijo que sí al puerto, se pactó en el mando único y después se remató en el Consejo de Seguridad Nacional y él supervisó y aceptó el decreto, pero al llegar el momento de la decisión, el Consejo de Administración del puerto, dominado por personas nombradas por Vivas, votó 11 a 4 este viernes para rechazar la autorización de la instalación, según confirman tanto fuentes del Gobierno central como el de Ceuta. Esos 4 fueron los representantes del Gobierno, mientras los 11 son los de la ciudad, mayoritarios, y los empresarios del puerto, según fuentes del Ejecutivo" (El País...👈 ).

Es obvio que no los quieren en ningún sitio. Y sin embargo, los primeros interesados en reubicarlos debieran de ser los propios ceutíes si quieren recuperar la Playa del Trampolín, por poner un ejemplo. El discurso de la invasión ha calado hondo en la población de Ceuta. Y no olvidemos que el invasor siempre es el enemigo al que hay que expulsar

 

Como esta señora que es malagueña pero afincada en Ceuta hace décadas. Quiere que los regulares y los legionarios saquen de una vez a todos los inmigrantes, sin miramientos y sin leyes que valgan, por la fuerza bruta. Y ella no es racista porque en la ciudad conviven con cuatro culturas, es que la pobrecilla no tiene vida, porque los inmigrantes vienen a delinquir y a robar, y a "muchas cosas más". Lo de muchas cosas más lo dirá porque se han registrado numerosas violaciones, pero tres de los supuestos violadores son de Ceuta. Y conviven cuatro culturas porque no han tenido más cojones. Señora, usted es muy racista aunque lo niegue.


No hace demasiado tiempo retiraron una estatua en honor a Franco en Melilla, ciudad hermana de Ceuta, con la oposición del Partido Popular: "El senador del PP y presidente de los populares melillenses, Juan José Imbroda, se ha mostrado este lunes en contra de la retirada de la estatua de Franco que existe en Melilla, la única en la vía pública en España, al defender que se le dedicó por ser “un héroe que salvó a Melilla” como comandante de la Legión en la guerra del año 1921 contra el Rif (La Razón...👈). 

Franco hizo algo más que defender el protectorado, Ceuta y Melilla, ¿qué fue sino la Guerra Civil? En Badajoz sabemos muy bien lo que hicieron la Legión y los Regulares Marroquíes entre el 14 y 18 de agosto. A lo mejor a la señora racista del vídeo que convive con cuatro culturas, es lo que le gustaría que hicieran los regulares y legionarios con los inmigrantes norteafricanos. Porque todos los ceutíes nacidos en Ceuta, siendo españoles, les guste o no, también son africanos.

Desde que ha ocurrido esta crisis humanitaria en la ciudad autónoma de Ceuta (española y africana a la vez), no puedo sentir más desprecio por el PP por Vox, y por toda esa camada de racistas (siendo de izquierdas o de derechas) que hablan de invasión. España está invadida de racistas y eso produce mucho asco. Vaya todo mi desprecio contra ellos. Nunca ha sido tan importante votar en las siguientes elecciones, lo digan los anarquistas o cualquier tipo de abstencionista. Mi dignidad como persona me obliga votar para parar a Vox y al PP que son la misma ñorda racista y franquista.

jueves, 3 de septiembre de 2026

El voto progresista hoy es más necesario que nunca


En las últimas elecciones en Extremadura la abstención subió 9 puntos porque a los votantes del PSOE no le gustaba su candidato. El resultado por todos es conocido: María Guardiola repite legislatura con Vox dentro del Gobierno. Después algunos del PSOE se quejan de ver a Vox dentro de la Junta de Extremadura. Prefirieron abstenerse antes que votar a Podemos. Ellos sabrán.


Con las crisis humanitaria de Ceuta, el españolismo más rancio y racista está multiplicándose. Este pasado día 2 hemos visto imágenes vergonzosas en Badajoz en lo que hoy es la Plaza de España, y en los años 30 era la Plaza de la República, se ha podido observar enfrente del Ayuntamiento en la concentración organizada por el PP,  a varias personas con la bandera de la dictadura franquista. 

Decía un buen amigo, que no cometamos el error de generalizar porque de las 8.000 personas que hubo en la Plaza de España solo vimos claramente dos o tres banderas franquistas. Es justo reconocer que no todo el mundo llevaba semejante afrenta, pero es significativo que hace algunos años nadie se hubiera atrevido a salir a la calle con semejante esperpento fascista. Y aquí viene lo preocupante, poco a poco, y gracia a Vox, y con la ayuda de la RR. SS., se empieza a normalizar el franquismo. Solo es cuestión de tiempo y de los escaños que consiga Vox en los próximos comicios.

Y lo que más preocupante todavía, ha sido ver como se atacaban a periodistas de La Sexta y RTVE. Incluso hasta se ha podido observar a menores impidiendo informar a la prensa española que no les gusta a ellos. Vean las imágenes a pesar de ser repugnantes, pero a la vez deben de preocuparnos y no verlas como una simple anécdota. Observen el odio de los manifestantes contra un periodista de RTVE que estaba cumpliendo con su trabajo, y el uso espurio que hacen de la bandera española. Y luego se preguntan que porque en España al que lleva una ñordosa banderita de España lo llamamos fachas.

Esos energúmenos que atacan y vociferan contra el joven periodista votarán todos, y no creo que haga falta decir cual va a ser su opción política. Por eso el voto progresista hoy es más necesario que nunca

martes, 1 de septiembre de 2026

Las abstención es un suicidio

 


Vamos a contestar a esta pregunta: "¿Para qué sirve un Congreso de Diputados, de diputados que votan con mandato imperativo por parte de cada uno de sus partidos políticos? ¡Para nada!". Si fueran las Cortes franquistas, en donde los 500 procuradores obedecían todos al caudillo, y el que se salía del redil era defenestrado, pues obviamente no serviría para nada. Pero no es ni parecido el sistema del 78.

Cuando un ciudadano español va a las urnas en las elecciones generales, escoge la papeleta de su partido preferido sin mirar casi los nombres que conforman las listas. El votante si vota al PP, ni siquiera se fija en los candidatos de la lista de su ciudad, porque él quiere que gobierne, en este caso, Feijóo, y sí vota a Vox quiere que el presidente de la nación sea Santiago Abascal, o el líder del partido en ese momento de las elecciones. Esto es así y a estas alturas de la película es prácticamente imposible cambiarlo.

Pero es parecido en los EE. UU. Un votante votará por el candidato que vaya más acorde con su ideología, bien sea el Partido Demócrata, o el Partido Republicano, pero a fin de cuentas ambos tipos de electores votan al establishment financiado por las oligarquías capitalistas. Con lo cual, pensar en democracia real es una quimera. Pero es lo que hay, tanto los ciudadanos estadounidenses como los españoles aceptan esta falsa democracia capitalista y burguesa.

En España el Congreso de los Diputados si tiene validez pese al antidemocrático mandato imperativo, debido a la pluralidad del Parlamento. Veamos su composición

  • PP....................... 137 escaños
  • PSOE................ 121    "
  • Vox...................  32     "
  • Sumar...............  26     "
  • ERC..................  7      "
  • JxC..................   7      "   
  • EH Bildu.........   6      " 
  • PNV................    9      " 
  • Grupo Mixto...   9      " (Podemos, BNG, CC y UPN)
Un Congreso de los más plural y representativo. Tienen representación 12 partidos políticos de todo el espectro ideológico y regional. Obviamente que no todos los diputados van a votar lo mismo. Esta fragmentación produce una palpable separación entre el Poder Ejecutivo (gobierno) y el legislativo (parlamento). De todas formas, hasta en EE. UU. sin mandato imperativo votan todos los congresistas la postura oficial del partido el 99% de las veces. Hay un sentido estricto de corporativismo partidista en EE. UU. Si no fuera así, los congresistas del Partido Republicano ya habrían echado a Donald Trump de la presidencia.
 
Y sabiendo que el sistema electoral, y por tanto, el sistema constitucional está ampliamente aceptado por la ciudadanía española, y que desde 1979 la abstención más alta fue del 33,7% y la más baja de 20.03%, es hacerse pajas mentales querer pensar que con la abstención se va a acabar con el sistema electoral, y por tanto con la Constitución promoviendo un proceso constituyente.


Las personas progresistas tenemos un problema grave por culpa de las nuevas opciones políticas que vienen apretando muy fuerte por la extrema derecha. El caballista del vídeo, que nos recuerda a los caballistas que aterrorizaron Extremadura y Andalucía durante la Guerra Civil, es Óscar Pozos González, coordinador de Vox en Marín (Pontevedra). El tipo parece sacado de una película de Berlanga y nos recuerda a los más atrasado de la España que pensamos haber quedado atrás.

El Cid Agricultor

Montado en su caballo, y portando una bandera de los Tercios de Flandes, de las carlistadas, y de los Carlistas de la Guerra Civil, llama a la manifestación para defender a los ceutíes, porque lo ocurrido en Ceuta "es una invasión y hay que controlarla". Acaba el vídeo con un supuesto himno de los Tercios de Flandes: "Aspa de Borgoña, flameando al viento, hijos de Santiago, grandes son los Tercios..". Sin embargo, los Tercios no tenían himno. La canción que suena hoy es una composición moderna compuesta por Daniel Sánchez de la Hera, para la serie Águila Roja (ver enlace...👈).


Óscar Pozos podrá parecer un friki, pero está muy lejos de ser un descerebrado, porque difunde abiertamente la ideología racista e islamófoba de Vox. Su aspecto tosco y rural, no debe de llevarnos a engaños. En sus redes sociales apoyaba el pacto de Vox y el PP en Extremadura sobre la prioridad nacional, porque según él, no hay derecho que se den viviendas a personas con nombres árabes.

Las ayudas en España no se conceden mirando la nacionalidad, sino que se otorgan mirando la renta de los demandantes, sea español, árabe o latinoamericano. Ningún español pobre está por detrás de un pobre inmigrante.
 
Si un día voté a Zapatero para que los del partido de Aznar no volvieran al gobierno nacional, hoy la prioridad nacional es votar en tono progresista. Una persona progresista no puede mantenerse al margen del peligro ultraderechista que cada día es más fuerte. Según una encuesta de El Mundo...
... Si hubiera elecciones generales en este momento, el PP volvería a ganar y, junto con Vox, alcanzaría los 204 escaños y podría formar gobierno. El PSOE, por su parte, caería y perdería una veintena de asientos en el Congreso —como indican la mayoría de las encuestas desde hace meses—, pero aún se mantiene por encima de los 100 escaños pese al impacto de la crisis migratoria de Ceuta. Leer más...👈

Vox subiría a los 63 escaños. Esta encuesta la encargó El Mundo, y por supuesto que hay que tomarla con el máximo recelo, pero el peligro de Vox sigue ahí por muy cocinada que sean las encuestas. Ellos llegan a las instituciones gracias a las urnas, y en las urnas es donde hay que pararlos. No existe otro método.



lunes, 31 de agosto de 2026

Gracias a la IA llega el rock and roll equidistante

Se está poniendo de moda la IA hasta para crear canciones. Un amigo me ha enviado una de esas canciones generadas artificialmente. El usuario solo tiene que sugerir una canción y un tema, que la IA se ocupa del resto. Incluso te hace hasta un vídeo clip. Esta canción rockera de los años 50 nos quiere transmitir que ni rojos ni fachas, ni izquierda ni derechas sino usar más la del centro, el centro significa la polla, la verga, el pene, el carajo. Es decir, menos discutir por la política y más follar. Como si follando mucho pudiéramos pagar el alquiler o llegar a fin de mes.

Este rock and roll equidistante quiere decir que nadie tiene la razón (ni los rojos ni los fachas). Así va el cerebro de algunos, solo tienen una polla en la puta cabeza:

Izquierda por la mañana

derecha al anochecer

yo estoy harto de esta guerra

ya no sé ni que creer

Las izquierdas y las derechas son tan antiguas como la revolución Francesa. Y esto es así porque en los regímenes democráticos las personas no somos de pensamiento único, como el pensamiento que se intenta establecer en todas las dictaduras. Con Franco no había rojos ni fachas. Bueno mentira, solo había fachas. El pensamiento progresista no tiene nada que ver con las ideas conservadoras. Y si hablamos en clave de rojos y fachas, hay mucha más distancia aun. Sería bastante bueno que en la educación primaria y secundaria enseñaran a los escolares nociones de politología, para no escuchar canciones tan lamentables como esta.

Quien no era ni de izquierdas ni de derechas era José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido fascista Falange Española que luego se uniría a las JONS. Tampoco ni de izquierdas ni derechas fue Albert Rivera. Pero Primo de Rivera está enmarcado dentro de la extrema derecha y Albert Rivera dentro del espectro conservador de las derechas.

La postura muy cómoda siempre ha sido la equidistancia, que solo se consigue situándose al centro. Y eso es tener menos personalidad que un plagio de Lucía Etxebarría. Esta gente vienen a decir ni fascista ni antifascista, ni machista ni feminista. O que lo mismo es un rojo que un facha. Dos posturas antagónicas de ver la vida nunca se van a poner de acuerdo. Por eso se inventó la democracia, las urnas y el sufragio universal, para que fueran los ciudadanos los que eligieran a sus gobernantes.