La ilegalizaci贸n de la fundaci贸n dedicada al dictador debe garantizar el destino de los documentos de su archivo y el libre acceso a los mismos
Desde que el pasado viernes 31 de octubre, el Gobierno anunciara el inicio del expediente de ilegalizaci贸n de la Fundaci贸n Nacional Francisco Franco, surge la inc贸gnita sobre el destino de su archivo. Aunque el tema se ha llegado a plantear con anterioridad, ha pasado bastante inadvertido, desplazado de la actualidad. Sin embargo, no es una cuesti贸n menor, si se tiene en cuenta la importancia de la documentaci贸n que conserva, y, sobre todo, de toda aquella que no es de acceso p煤blico y apenas se conoce. Ya hemos perdido demasiado patrimonio hist贸rico en nuestro pa铆s como para no tener todas las cautelas necesarias que eviten la ocultaci贸n, la manipulaci贸n o el expolio al que han sido sometidos buena parte de los archivos, testigos mudos de nuestra historia reciente.
Desde sus or铆genes, este conjunto diverso, procedente de la Jefatura del Estado, del Gobierno y del Ej茅rcito durante pr谩cticamente cuatro d茅cadas, ha mantenido la misma pauta: es de acceso limitado y de uso particular. Una situaci贸n que ha continuado a lo largo de la democracia, favoreciendo la publicaci贸n de todo tipo de apolog铆as del dictador y, sobre todo, ocultando una incalculable cantidad de documentaci贸n in茅dita del per铆odo. La informaci贸n reservada, la de consumo interno del r茅gimen, se mantiene intacta, mientras se difunde un aluvi贸n de material propagand铆stico, desordenado e imposible de contrastar. Sucede as铆 desde su propia creaci贸n. A medida que Franco afianza el mando 煤nico, su cuartel general en Burgos comienza a centralizar todo lo que es capaz de generar e incautar. Poco antes de terminar la guerra, con su Gobierno ya reconocido internacionalmente, habla de la necesidad de crear un archivo con toda esta documentaci贸n “para la ense帽anza de la historia”. Nace as铆 el Archivo de la Cruzada o de la Guerra de Liberaci贸n, con cientos de miles de papeles acumulados en Salamanca, sede de la llamada Delegaci贸n Nacional de Recuperaci贸n de Documentos, organismo que hasta el a帽o 1944 mantuvo su car谩cter reservado. All铆 se centraliz贸 y gestion贸 todo el proceso de la clasificaci贸n de la inicialmente llamada “informaci贸n retrospectiva”, m谩s tarde conocida como “pol铆tico-social”, con la documentaci贸n procedente de la ocupaci贸n del territorio republicano y de las grandes ciudades. Una enorme masa documental que creci贸 a煤n m谩s con el archivo de antecedentes mas贸nicos y con el Registro Central de todas las llamadas jurisdicciones especiales hasta el final de la dictadura. En ese mismo a帽o, 1944, cuando se da por terminada la clasificaci贸n de la documentaci贸n incautada en el puerto de Alicante, la delegaci贸n cifra “en cerca de cuatro millones de fichas y documentos los que tiene ubicados en sus dependencias”.
La labor del archivo continua, pero hasta comienzos de los a帽os sesenta no se hace p煤blica su existencia. Comienza a utilizarse para desmentir los estudios cr铆ticos con el r茅gimen que se publican en el extranjero. El historiador Ricardo de la Cierva consulta en privado sus fondos, al menos entre 1973 y 1980, a帽o en el que es nombrado ministro de Cultura. A principios de los ochenta, otro historiador af铆n, Luis Su谩rez, procurador en las Cortes franquistas, tendr铆a acceso tambi茅n a la documentaci贸n de una forma prolongada y exclusiva. En 1984, publica su conocida biograf铆a del general, reeditada y revisada varias veces. Por entonces, la Fundaci贸n Nacional Francisco Franco, comienza su labor de custodia y clasificaci贸n del archivo, cuyos resultados se hacen p煤blicos en 1992, con la aparici贸n de los Documentos In茅ditos para la Historia del General铆simo Franco. Estos dos vol煤menes pueden considerarse el primer cat谩logo de los llamados fondos “personales” del archivo. El resto seguir铆a un largo periplo hasta hoy. Una gran parte pasa por el Cuartel General del Ej茅rcito en Madrid y por los distintos gobiernos militares hasta que, mucho tiempo despu茅s y en distintas fases, son transferidos al Archivo General Militar de 脕vila. Sin embargo, el grueso de la documentaci贸n privada seguir铆a en la Fundaci贸n Franco. Hubo que esperar al a帽o 2000 para que otra parte fuera, en rollos microfilmados, al Ministerio de Educaci贸n que los envi贸 al Archivo de Salamanca. Las cerca de 27.500 copias de documentos depositadas en el Centro Documental de la Memoria Hist贸rica constituyen un importante inventario de la Administraci贸n franquista, que abarca pr谩cticamente todos los aspectos de la dictadura, as铆 como de sus principales instituciones y ministerios, pero apenas suponen una m铆nima parte del conjunto total y no dejan de ser reproducciones de copias.
Este es el problema fundamental del archivo: los fondos originales est谩n fragmentados y no se hacen nunca p煤blicos ni se muestran completos. Hay rollos de Salamanca completamente vac铆os. La documentaci贸n figura en el cat谩logo de la fundaci贸n dentro de la contabilidad personal de la casa del general, pero no aparece en las copias que se muestran en sala. Algo similar ocurre con la correspondencia personal de Franco. Hay un goteo incesante de cartas en distintos medios de comunicaci贸n que tampoco figuran en el archivo, ni para los investigadores, ni para el p煤blico en general. De tem谩tica variada e 铆ndole familiar, abundan en una dimensi贸n humana y cercana de la vida de Francisco Franco, pero los mismos medios que las publican nunca citan la referencia o el fondo del archivo en el que se encuentran. M谩s all谩 de esta calculada imagen del buen dictador, hay una abundante correspondencia con protagonistas hist贸ricos, en distintos momentos decisivos, que sigue siendo pr谩cticamente desconocida. Por ejemplo, la mantenida entre Franco y el general Beigbeder. La serie completa del personaje clave para afianzar la base de la sublevaci贸n entre Marruecos y la Pen铆nsula, ministro de Exteriores durante el primer a帽o de posguerra, no est谩 disponible. Aunque, m谩s paradigm谩tico incluso, es lo que ocurre con otra figura esencial en la guerra y en la consolidaci贸n de la dictadura como fue Yag眉e. El militar, ministro y capit谩n general acumul贸 un legado documental que su familia cedi贸 para que fuera de acceso p煤blico, algo que tras d茅cadas de litigios con la fundaci贸n no han conseguido. Sucede en muchos otros casos. Clasificados bajo el manto de asuntos personales, se encuentran otros tantos fondos pertenecientes a la Jefatura del Estado. En materia de los servicios de inteligencia, por ejemplo, cabe se帽alar la Delegaci贸n de Informaci贸n e Investigaci贸n de FET de las JONS, o los informes de los agregados militares en el extranjero durante la Segunda Guerra Mundial. Solo dos muestras de la importancia de este archivo para desmitificar la historia consagrada por el franquismo.
El riesgo de que esta informaci贸n original se altere o desaparezca para siempre, mientras se tramita el expediente de ilegalizaci贸n, no debe tomarse a la ligera. Del mismo modo, la oportunidad de inventariar toda esta documentaci贸n, de incorporarla al conjunto de los archivos p煤blicos, no se puede dejar pasar. As铆 se ha venido haciendo con los materiales, institucionales o privados, de personalidades y organismos de dictaduras de distinto signo como en Alemania, Rusia, Italia o Portugal. Mientras no se proteja, este archivo seguir谩 siendo una met谩fora viva de nuestro pasado en el presente, pues constituye una de las m谩s destacables anomal铆as, aunque no la 煤nica, en materia de investigaci贸n, acceso y conocimiento de nuestra historia reciente. Mientras tanto, la visi贸n fragmentada, alterada y edulcorada del franquismo, seguir谩 teniendo su espacio y su lugar.
Gutmaro G贸mez Bravo es catedr谩tico de Historia Contempor谩nea de la Universidad Complutense de Madrid. Su 煤ltimo libro es Los descendientes (Cr铆tica).
